Con motivo del Congreso Internacional (4-6 de abril 2019) “80 años de la Guerra Civil Española-Homenaje a Ed. Malefakis” organizado por el Instituto Cervantes, por la Embajada de España en Atenas y por la Universidad Abierta de Grecia, entrevistamos a Magda Fytili. Magda Fytili es doctora por la Universidad de Atenas y la Universidad Autónoma de Madrid (tesis con cotutela). Su tesis trató la memoria de la guerra civil griega y española en perspectiva comparada. Actualmente es investigadora principal en el proyecto PORE, “Políticas de reconocimiento: La Resistencia Nacional griega en el derecho, la historia y la memoria” en la Universidad de Atenas, investigadora posdoctoral en el proyecto RePast en la Universidad Autónoma de Madrid y profesora colaboradora de la Universidad Abierta en Grecia, enseñando historia de España.
 
 
80 anos de guerra
 
1) Díganos un poco acerca de las similitudes y las diferencias de la guerra civil española y griega

En lo que toca a las similitudes y las diferencias de la guerra civil española y griega eso ya podría constituir perfectamente el tema de una tesis doctoral … De una forma muy epigramática respecto a las diferencias, la más importante en mi opinión ha sido el distinto contexto internacional. Separados por una década y una guerra mundial, la guerra civil española constituyó uno de los conflictos previos de la II Guerra Mundial, mientras que la griega fue el último acto de aquélla, que, a su vez, serviría de unión con la Guerra Fría. Durante la guerra civil española lo que estaba en juego era el combate entre comunismo y democracia liberal frente al fascismo, mientras que cuando la guerra civil griega tuvo lugar las democracias liberales occidentales empezaban paulatinamente a enfrentarse con el bloque soviético en un contexto de guerra fría. Otra diferencia entre las dos guerras es que, aunque ambas se pueden definir como una guerra de clasespor las armas, la guerra civil española tuvo muchas más rupturas; era además una guerra de religión, de nacionalismos enfrentados, guerra entre democracia republicana y dictadura militar, entre revolución y contrarrevolución, guerra en la que por primera vez se enfrentaron el fascismo y el comunismo. Todas estas rupturas condujeron a que la guerra civil española adquiriera unos niveles de violencia más altos que la griega. Los actores también se diferencian bastante respecto a la izquierda, sobre todo. En Grecia, la izquierda comunista ocupó exitosamente todo el espacio político desde el centro hasta la izquierda más radical, mientras que en España había un impresionante abanico de ideologías que se agruparon respecto al antifascismo, desde la acción directa del FAI hasta la democracia cristiana del PNV. Además, la guerra civil griega se desarrolló prácticamente en el campo, mientras que la española tuvo lugar en las ciudades.  En cuanto a las similitudes, en mi opinión la más importante fue el ascenso de la cuestión social en las décadas de los 30 y 40 y la respuesta de la izquierda a través de su intento de implementar un sistema de organización social distinto. En otras palabras, la revolución popular fracasada. Las guerras civiles española y griega también están conectadas también por el hecho de ser dos conflictos que, teniendo su origen en problemas históricos internos, tienen una resolución que en ambos casos dependió, en última instancia, de los intereses de las grandes potencias. Por último, ambos conflictos civiles desembocaron en regímenes no democráticos. En el caso de España, como consecuencia de la guerra civil se instauró una dictadura que sobrevivió durante 40 años. El caso griego fue, al menos, diferente. Aunque el estado griego de posguerra de 1950-1967 funcionó oficial y procedimentalmente como un régimen democrático, simultáneamente favorecía las persecuciones a los izquierdistas, los cuales no eran considerados ciudadanos. Era el período en el que el anticomunismo se consagraba como factor central de la ideología dominante.Ilias Nikolakópoulos ha definido de una forma muy elocuente este periodo como una "democracia caquéctica''.

2) El tema de la guerra civil española ¿ domina el debate político nacional y el debate entre los historiadores? ¿se han superado los tabúes del pasado?
 
En España, durante el periodo fundacional de la transición, los partidos políticos españoles se vieron empujados a orientar su discurso y a forjar su identidad en el futuro. Este hecho tuvo una consecuencia importante respecto a la memoria excluida de los vencidos, ya que las narrativas alternativas o excluidas tuvieron una posición marginal en el diálogo político. Pero impedir que memorias del pasado contradictorias entre sí salgan a la luz no implica su desaparición. En el caso español, los acontecimientos de los últimos 20 años demuestran que no ha sido así. Una serie de factores coyunturales han servido para que la cuestión de la memoria histórica ocupara un lugar central en el debate político actual. El giro en la estrategia electoral del PSOE a partir de 1993, el ascenso del PP al poder en 1996 y su mayoría a partir del año 2000, (con gestos que pueden ser tachados de neofranquistas, como las repatriaciones de los soldados que lucharon en la División Azul), las beatificaciones que ha llevado y sigue llevando a cabo la Iglesia Católica, el recambio generacional con el papel que han jugado los nietos en la reivindicación de la memoria de sus abuelos, y también el papel de las asociaciones de memoria histórica, el movimientos revisionista, y por último, los actores internacionales y los cambios en la doctrina sobre la justicia universal han jugado un papel indudable en el giro que han dado las políticas de la memoria en estos últimos años, como lo demuestran los casos Scilingo y Pinochet. No obstante, para los historiadores la guerra civil nunca ha sido un tabú. A partir sobre todo de la década de los 80 han proliferado las investigaciones respecto a la guerra civil cubriendo poco a poco todas sus temáticas. Las “reglas mordaza” en el ámbito político y en debate público coexistían con una constante reaparición del conflicto de 1936 en la academia, tanto en las páginas de la prensa como en el ámbito cultural. Es impresionante, en este sentido, la gran cantidad de representaciones de la guerra civil española en el cine y la literatura; es decir, parece que había una “demanda” de memoria por parte de la sociedad.
 
 
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3) ¿Qué huellas ha dejado en la sociedad española actual?

Como he mencionado antes, la guerra civil española fue provocada y a su vez provocó muy importantes clivajes políticos y profundas rupturas. En 2008, tuvieron lugar al mismo tiempo (aunque la coincidencia es puramente aleatoria) en Grecia y España, dos encuestas de opinión con respecto a la guerra civil. En la pregunta de que “si las consecuencias de la guerra civil llegan hasta hoy en día”, el 55% de los griegos encuestados y el 53.1% de los españoles respondieron afirmativamente.Como muy elocuentemente afirma K. Tsoukalás, “cualquiera que sea nuestra actitud hoy en día, es un hecho que la guerra civil nos determina. Nos guste o no, nuestro mundo está todavía lleno de contradicciones, formuladas a través de los conflictos civiles. Silenciosamente y secretamente, como nación somos todavía una nación que emergió de la guerra civil”. No obstante, una parte muy importante de sociedad española durante la transición quiso pasar página y mirar hacia un futuro próspero después de 40 años de dictadura. Quizás justo por eso la sociedad española otorga tan gran valor a la transición a la democracia. No obstante, a partir del año 2000 una parte de la sociedad española intenta cerrar sus heridas a través de la reivindicación de la memoria de los vencidos apelando tanto a su legado como exhumando a sus víctimas y celebrándoles un entierro digno.

4) En la guerra civil española se alistaron voluntarios desde todo el mundo, algo que no se repitió durante la guerra civil griega. ¿Cómo se podría explicar esto?

Creo que la respuesta a esto es una vez más el distinto contexto internacional. Para comprender la decisión de este compromiso voluntario hay que atender a las circunstancias políticas internacionales de los años 30 del pasado siglo. Dentro de una coyuntura internacional devastadora, por la crisis económica, el desempleo masivo, y el surgimiento de un fascismo que parecía imparable, la guerra civil española se convirtió inmediatamente en un punto de encuentro para millones de personas que vieron que, por fin, había una oportunidad de detener al fascismo. Sólo en este contexto podemos entender por qué cerca de 35.000 hombres y mujeres de 53 países diferentes estuvieron dispuestos a ir a luchar y, en muchos casos, a morir en España. Así la guerra civil española ha sido por excelencia el símbolo del antifascismo internacional y la referencia emblemática de la izquierda global, debido a la incomparable apoteosis del romanticismo revolucionario, de antifascismo militante y de los nobles valores utópicos encarnados en los brigadistas. Sin embargo, durante la guerra civil griega, como ha demostrado el historiador T. Sfikas, circuló la especulación de que una brigada internacional lucharía al lado de los comunistas griegos. En el verano de 1947, los gobiernos británico, griego y americano estaban examinando la posibilidad de que una Brigada Internacional, formada por veteranos de la guerra civil española, se estuviera organizando en Francia e Italia. Aunque no puede ser del todo descartado que algunos izquierdistas europeos y veteranos de la guerra civil española podrían haber albergado tal idea, la explicación más probable de este episodio yace en una combinación de recuerdos vivos de la guerra civil española y las realidades emergentes de la Guerra Fría, que impulsaron a los opositores de los comunistas griegos a creer que, aparte de usar sus recursos locales, el comunismo internacional podría decidir involucrarse activamente en la lucha en Grecia. Eso implicaría una intervención soviética, como pasó en España con la decisión de Komintern de instigar y ayudar al alistamiento de voluntarios. Como ya sabemos, sin embargo, no se puede citar ni una sola acción efectiva por parte de Moscú que pueda ser interpretada como un apoyo a las posiciones políticas de los comunistas griegos durante la guerra civil.

 (A.Pap)

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