A una hora de Atenas, aproximadamente a 80 km. de donde comienza el Peloponeso, se encuentra un impresionante castillo cuyo relato  oscila entre los mitos y la historia: el yacimiento arqueológico  de Acrocorinto, sobre un acantilado de 575 metros que domina el valle de Corinto con una vista extraordinaria hacia el mar que merece la pena visitar.

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Historia
 
Con una presencia ininterrumpida desde la Antigüedad para la defensa del istmo de Corinto, Acrocorinto es una de las fortalezas más bellas de Grecia, cuyas murallas dan testimonio de las oleadas de ocupación de Corinto desde el siglo X d.C. Cabe mencionar que los cimientos sobre los cuales se construyeron los baluartes se remontan al período helenístico (siglo III a. C.). Desde entonces, los francos, los bizantinos, los otomanos (en 1458), los venecianos (en 1687), los otomanos de nuevo (en 1715) y finalmente los griegos (en 1822) tras la liberación de la fortaleza por Theódoros Kolokotrónis (en 1822), han contribuido a la construcción de la ciudadela de la antigua Corinto.
 
Desde el ex tirano de Corinto Periandro hasta Julio César, desde Justiniano el Grande hasta León Esguro y Mehmet II el Conquistador, varios son los personajes que han vinculado sus nombres a un episodio de la vasta historia del sitio. Hoy, son evidentes en el interior de la fortaleza las huellas  de diferentes períodos: muros, casas e iglesias bizantinas conviven con ruinas de templos antiguos, torres venecianas y mezquitas otomanas. Los restos de la Antigüedad, sin embargo, no sobrevivieron a las sucesivas ocupaciones.
 
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El asiento de los dioses
 
Según la mitología griega, el primer propietario de la región fue el legendario rey de Corinto Belerofón, que dedicó toda la zona a Helios (el dios del sol). Acrocorinto era un área privilegiada con una superficie de 240 acres, ofrecida por Belerofón a la diosa Afrodita. Pero parece que Afrodita no se sintió muy conmovida por este regalo y a su vez se lo ofreció a Medea (hija del rey de la Cólquida Eetes, hijo de Helios) quien construyó un templo en la cima de Acrocorinto en honor a la diosa. Así, en la Antigüedad, Acrocorinto se dedicó al culto a Afrodita a quien los esclavos sagrados ofrecían sus servicios. La colina está dotada de abundantes manantiales y allí se encuentra la famosa fuente Pirene. Por lo tanto, los viajeros están invitados a no perderse este castillo inusual lleno de secretos que se remontan a un tiempo muy antiguo.
 
Texto original en francés vía Grece Hebdo.
 
C.S.