Ioánina, la ciudad más grande y capital del Epiro, la región más montañosa de Grecia ya que gran parte de su territorio está cubierta por la cordillera del Pindos, es el centro comercial, cultural y administrativo de la región y de todo el noroeste de Grecia en general. Se sitúa en la orilla occidental del lago Pamvótida, a 500 metros de altitud sobre el nivel del mar, a 466 km de Atenas -vía Patrás- y a sólo 65 km de la frontera albanesa.

Con más de mil años de historia, se dice que la ciudad, cuya fecha exacta de fundación se desconoce, debe su nombre a una iglesia, hoy desaparecida, construida en honor de San Juan Bautista. Tras la toma de Constantinopla por los cruzados, fueron muchos los bizantinos que emigraron a Ioánina. A continuación, con la creación del Despotado del Epiro , la ciudad de Ioánina adquiere especial relevancia dentro del contexto socio-político de la época transformándose, más tarde, en el siglo XV y bajo el poder otomano, en una de las ciudades más desarrolladas y atractivas de Grecia gracias a sus manufacturas y la intensa actividad comercial que realiza con otras ciudades importantes, como Venecia.

El período de mayor esplendor coincide con el gobierno de Alí Pachá (entre 1788 y 1822), quien consiguió levantar un reinado autónomo cuyos dominios se extendían por todo el noroeste de Grecia abarcando, además, parte de Tesalia y del Pelopononeso. Durante los siglos XVII y XVIII, Ioánina se convierte en el centro principal de la Ilustración griega; es en esta época cuando se fundan las grandes escuelas históricas, como la Escuela Zosimea. La integración de la ciudad al Estado griego se hace en 1913 y, tras el intercambio de poblaciones seguido a la guerra greco-turca de 1919-22, la población turca quita la ciudad siendo reemplazada por los refugiados griegos que llegan del Asia Menor.

Desde entonces, la ciudad ha sabido preservar cuidadosamente su fama tradicional de foco cultural importante. Actualmente, Ioánina sigue siendo una ciudad llena de energía, donde el movimiento en la urbe es constante y los edificios modernos coexisten con edificios del pasado bien conservados, mientras los monumentos grandiosos y los barrios pintorescos se combinan con una vida comercial floreciente y la universidad de la ciudad, una de los más importantes de Grecia, que ofrece un cierto dinamismo a la ciudad. Su economía se basa principalmente en la ganadería -es uno de los primeros productores de queso y carne en Grecia-, en la producción de mármol, la platería y el turismo. No hay que olvidar que la platería y la orfebrería llegaron a su auge en el siglo XVIII.



Ioánina cuenta con muchos monumenos y lugares de interés entre los cuales destacamos: el Museo Arqueológico de Ioánina, un edificio de nueva construcción que alberga piezas desde la prehistoria hasta la época romana, el Museo Bizantino que recoge muestras y objetos de los periodos paleocristiano, bizantino y post-bizantino, construido sobre las ruinas del antiguo serayi (palacio) de Alí Pachá, el Museo Municipal de Ioánina, en la antigua mezquita de Aslán Pachá, donde se exhibe multitud de objetos de las comunidades griega, turca y judía y, por último, el interesante Museo de Fotis Rapakusis, en el cual se pueden ver las armas que llevaron a Grecia a la independencia, así como de épocas posteriores hasta el periodo previo a las Guerras de los Balcanes (1913-1914).

Ioánina es, sobre todo, el lago Pamvótida, ya que el lago es una fuente de vida para la ciudad y su explotación piscatoria ha contribuido mucho al crecimiento económico de toda la región. Es más, allí se encuentra la pequeña isla, Nisaki, donde todavía vive casi un centenar de familias y donde sus callejuelas y edificios antiguos, como los monasterios de San Nicolás y de San Juan Bautista, ofrecen un ambiente único.

Pero el monumento más destacado es el castillo de la ciudad y los barrios que lo rodean. Situado en una pequeña península, es el núcleo donde se fijó el primer asentamiento en la ciudad. Allí existe la mezquita de Aslán Agá, la mezquita Fetiyié y la sinagoga de la ciudad.

Uno no puede fácilmente dejar de hablar de las bellezas de Ioánina. Y hay que tener en cuenta que la ciudad está rodeada de montañas que cortan la respiración, que muy cerca están los pintorescos pueblos de Zagoria, el pueblo hermoso de Métsovo, los ríos del Epiro con sus famosos puentes medievales de piedra y tantas otras ciudades y pueblos que están esperando su visita. Así que tomen su tiempo para disfrutar de la ciudad y sus alrededores...